La factura del tiempo

El tiempo es como un tren que solo pasa una vez. No concibe hacer parada alguna mientras recorre toda una vida sin tregua, veloz. Se alimenta de los segundos, horas, días y años que los seres humanos dejamos pasar como si nos sobrasen por doquier, fingiendo que no pensamos, de tanto en tanto, que algún día se va a escapar de nuestros dedos como una tela de seda fina. Engañados por un ego que se cree dueño de algo tan intangible, perdemos la noción del tiempo constantemente, cual piloto exhausto que ya no sabe distinguir qué es el cielo y qué es el mar, línea muy fina entre consciente y subconsciente. Actuamos como si cada minuto no fuera un regalo que nos brinda la vida y lo desaprovechamos en acciones automatizadas que acaban transformando nuestro día a día en una “máquina de quehaceres” sin sentido.

¿Mis consejos para aprender a ser conscientes de lo que hacemos?

  • Come despacio. Muchas personas comen a toda prisa, como si alguien les fuera a robar el plato o no le hubiesen dado de comer en varios meses. Al comer más lento, uno empieza a ser consciente de pequeños detalles como el sabor característico de un ingrediente que antes había pasado completamente desapercibido. Además, al masticar más la comida, le hacemos un favor a nuestro organismo, ya que le ayudamos a distribuir la energía equitativamente por todo el cuerpo, en lugar de que concentrarse solo en hacer la digestión.
  • Escucha a los demás sin interrumpir. Parece que este punto no tiene relación alguna con el tiempo, pero lo cierto es que escuchar a los demás, estando concentrados durante un buen rato, es el mejor ejercicio para empezar a ser conscientes de lo que estamos haciendo. Cuando hablamos por encima de otras personas, nos estamos perdiendo parte de la información que la otra persona quería transmitir en su mensaje, lo cual da lugar a malentendidos innecesarios que se podrían haber evitado si hubiésemos respetado el tiempo del otro.
  • Conecta con la naturaleza. Escápate de vez en cuando e intenta identificar el sonido del viento al acariciar las hojas de los árboles, de la lluvia al golpear el suelo o de los pájaros al posarse en sus nidos. Anda como por los senderos observando tu entorno y, de vez en cuando, para. Detente un segundo simplemente para mirar de forma consciente lo que tienes a tu alrededor.
  • Concéntrate en tu respiración. La mayoría de las personas vivimos estresadas todo el día, tanto que ya ni somos conscientes de que lo estamos porque nos hemos acostumbrado a sentir ese agobio constante y presión en el pecho. Uno de los mejores remedios para eso, es aprender a ser conscientes de nuestra respiración, corrigiéndola si es necesario, dejando de respirar únicamente inflando el pecho y levantando los hombros (esta es la respiración del estresado). La mejor manera de respirar sin duda alguna es la de los bebés: hinchando el abdomen primero y soltando el aire poco a poco después. Siendo conscientes de esto, podemos mejorar nuestra calidad de vida muchísimo. Es algo tan simple como desaprender para aprender a respirar bien de nuevo.
  • Piensa positivamente al despertar. Normalmente nos levantamos a toda prisa en cuanto suena el despertador y nos ponemos a pensar de inmediato en todo lo que tenemos que hacer a lo largo del día. No somos conscientes ni de cuándo nos hemos lavado los dientes porque ya hemos puesto el piloto automático desde bien temprano. Así, cada mañana nos ponemos en marcha pensando “otro día más”. Pero si parásemos unos minutos, todavía estando en la cama, a pensar en todo lo bueno que tenemos en la vida y en lo afortunados que somos, comenzaríamos el día con muchas más ganas y entusiasmo. Sé que cuando se está pasando por una mala racha es difícil ver las cosas positivas, pero hay que hacer ese trabajo diario para enfrentar los días de una manera mucho más alegre y consciente.

Estos consejos son un ejemplo de lo que podemos hacer para empezar a saborear, de forma consciente, cada momento de nuestra vida, sin desperdiciar uno de los mayores regalos que nos brinda ésta: el tiempo.

El ser humano, naúfrago a la deriva,

deja pasar la vida como si el ayer fuera a volver

en un impredecible y eterno hasta siempre.

Inconsciente de naturaleza,

juega a los dados del destino esperando encontrar

su sino disfrazado de dharma.

Y espera.

Impaciente, espera lo que siempre

ha sabido que iba a llegar:

“la factura del tiempo”.

2018-08-31T12:31:16+00:00

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